Corre el hilo delgado, por la
carretera sin fin, cada instante crece y se forman más complicadas manías. Si
no recuerdas mi nombre, para que seguir. Insignificante punto en el universo de
tu mente. Reflejos oscuros animan el descolorido arcoíris, mientras la aguda
risa corre por tu rostro. Cuento el sin fin número de cabellos, adornando la culmine
absoluta de la perfección. Perfección incorrecta, que transmite en mí el
más sublime deseo de tacto imaginario. Expresiones inmóviles, brazos al cielo,
miradas confusas, largo sueño. Lo que alguna vez fue, hoy no ocurre por falta
de práctica. Empolvada en el baúl de los recuerdos, aquellas sonrisas que no
fingía. El hilo es débil, pero se enreda tan fuerte en mis manos que ya no se
rompe, sólo se transforma en mil mariposas espaciales.
Iluminada la noche, oscurecido el
día, las razones no son válidas para el consejero sabio. Dichosos los besos que
estimulan la piel y salen del alma. Se escapan por segundos ráfagas de sonido
que ensordecen sus oídos, pero que no se escuchan. Llanto invisible como el
valor de una crisálida al romperse. Si tan sólo volara en la órbita del aura.
Un adiós vuelve en rutina los días, pero la esencia sigue allí y es lo que
algún día extrañaremos. Perfecta simetría, entre proporción y desborde, inocencia
y libido, luz y más luz. Rompe el esquema, incendia mis palabras. Caigo sin
fin, pero aprecio caer de nuevo, al vivir una vez más la unión de matices.
(2012)

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