Su pelo creció. El tiempo corre bajo la luz violeta de mi ojo izquierdo, y aún pienso buscar en los cuadernos anteriores aquellos apuntes que escribía mientras la observé. A mi también me creció el pelo, por desidia, por pereza y por amargura.
Desde que decidí borrar aquellos rastros binarios de mi cabeza, han pasado miles de segundo, pero al ver su foto brillante y en RGB, se detiene el tiempo. Aunque tal vez nunca ha pasado para mi.
Viejos rastros de aquella súplica que canté sobre un papel arrugado, hoy no son más que garabatos escritos a la media noche sobre un cobertor verde.
Su mirada implacable, hacia al frente. Aquellos labios que «varios» han besado, pero que para mi desdicha estuvieron vetados, en el cajón más próximo de lo absurdo.
A veces creo que la incapacidad amatoria y la obligante castidad, son el fruto de la predilección por el razonamiento metódico. Preferiría salir corriendo y gritar, mientras mojo sus expansiones. Pero estoy aquí, sigo aquí, contemplando su rostro virtual. Y suspirado, que es lo que hago mejor.
Su pelo ha crecido, ¿y su vida también?
Cuando creo que me animo, cuando en un jueves de horóscopo mis expectativas despuntan, observo su blanca imagen en mi pantalla. Con eso basta para que escriba mil palabras sobre lo miserable de mi conciencia.
(2014)
RGB
miércoles, 19 de noviembre de 2014
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- Javier Alemán
- (…) además de estas características, el sujeto presenta débiles síntomas de desorden en sus procesos mentales. Tiene escasa capacidad de ordenar su pensamiento, no parece en condiciones de organizarlo o sintetizarlo (...)
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