Estábamos en la oscuridad, rodeados por muchas voces que nos
empujaban a encontrarnos.
Vendados, ciegos a las emociones de nuestros corazones.
Cedimos al instinto de buscarnos tontamente, en vagos
murmullos de miradas.
No sabíamos lo que buscábamos, ni lo que queríamos ver
cuando nos quitáramos las vendas.
Nos tocamos con el indicio de gusto afectivo. Pero
encontramos bruscamente la impaciencia de la razón.
La luz de la claridad nos cegó con la verdad de nuestros
pensamientos.
Aquellas voces que nos empujaron a encontrarnos, ahora nos
reprochaban por haberlo hecho.
Cuando comprobé que lo que buscaba en la oscuridad no era
más que vapor rosa, comprendí que el amor no es ciego… sino retrasado mental.
2008
2008
