En muchas ocasiones no entiendo a la gente. Montada en su
bus, mirando la ventana de su interior. Miles de átomos de cesio no dejan de
vacilar, sólo para que miren sus muñecas y recuerden la expresión tardía de un
repitiliano enfadado.
No comprendo la reacción química más rentable del mundo.
Sus ritos, su música, su pésimo vocabulario y su jactancioso
intercomunicador.
¿Qué serían ellos sin mí? Seguramente la basura más bella
del mundo.
Sus deidades. Se masturban con la
efigie de Santa Teresita del Rosario, pero nunca se han metido un dedo en el
culo.
No entiendo a nadie porque no estoy para entender al pedestre.
Estoy para infligir llanto y desespero al pedestre.
Sueño de un fumador. Aire frío de una cascada. Delgada y
suntuosa. Me he trasbocado en miles de pensamientos banales.
Sólo escribo cuando amo. Solo amo cuando escribo.
(2011)