¿Qué es un fantasma?
Es la figura que no tiene fin.
La suposición de contorno que se adivina al entrecerrar los
ojos de sueño y pánico.
Elemento que va más allá del tiempo. Lo sobrepasa.
Una fractura en la realidad.
¿Pero acaso la realidad no estuvo fracturada desde que tengo
memoria?
Abrazar un fantasma es un acto de circo; una actividad tan
curiosa, que se puede comparar con morderse los codos.
Están dentro y a la vez nos saludan con desdén.
Tal vez si callamos durante el tiempo que demora la sangre
recorrer nuestro cuerpo, podremos oírles.
¿Qué
tal si cada vez que suspiramos, creamos un fantasma?
Los fantasmas están más presentes hoy que nunca.
Viajan a través de pixeles, por medio de cables.
Nos miran por sus pantallas.
Sonríen, nadan, cogen.
Pero el fantasma alfa, sigue en nosotros.
La fractura primigenia liberó la Pangea de ectoplasma que
buscamos conjurar cada vez que sonreímos a solas.
Amamos los fantasmas.
Nos fascinan.
Mi mente está construida sobre un terruño afable, una vereda fantasma
llamada felicidad.
Viajo de vez en cuando cada 28 segundos.
He amado a muchos fantasmas pero es una actividad agobiante,
pues tengo que ir con ellos a todas partes, y lo peor de todo es que se
alimentan de mis lágrimas.
En los sueños más grotescos se aparecen para atravesarte las
manos.
¿Y si los fantasmas son aquel sonido del árbol que cayó en
el bosque y que nadie escuchó?
¿Y si lo fantasmal es aquello que no podemos ver, pero que
de alguna manera sentimos?
Todos son fantasmas: la televisión, las auroras boreales,
dios, la radio, la paz, los colores.
Sentado sobre el pasto anoche, pensé que yo era un fantasma.
Sin tiempo ni espacio, una fractura de la realidad, el resultado de un suspiro.
Pensé tan intensamente todo aquello, que decidí invocarme en
medio de la poca luz en la que me encontraba.
Rituales ancestrales recorrieron mi mente.
Pero al final usé lo más simple del mundo: me miré en el
reflejo de los ojos de una mujer.
Pude ver mi figura devolverse a mi mirada.
Sólo que, en aquella escasa luz, no estuve seguro si aquello
era una mujer o sólo un árbol que cayó en el bosque y que nadie escuchó.
(2015)