Hoy me tragaré tus malditas palabras. Aceptaré tus puntapiés
a mi alma como regalos divinos. Daré gracias por tus disculpas y me las serviré
con café.
Hoy haré silencio. Mientras, me llenaré los sesos de
cucarachas que carcomerán mis neuronas, y beberé tu voz como el más añejo vino.
Hoy oiré tus palabras como la sonata más estúpida, que
ilumina mis ojos, e imaginaré que estás presente de cuerpo, porque tu alma
vacía y tu corazón hereje se esfumaron en el tiempo.
Hoy recordaré con candidez tu aura tremebunda. Cantaré bajo
la lluvia cuando no llueve, y mojaré los pies con mi ilusión podrida.
Hoy asesinaré mi razón, y me cortaré la vena cava que une el
cuerpo con la imaginación; y así tal vez la sangre que corra tape mis ojos y
vea la realidad.
Hoy te diré que no, pero mañana de pronto sí, dejándome
llevar por la brisa fresca de diciembre. Tal vez hable un segundo, tal vez
calle por siempre.
Hoy me engulliré los recuerdos. Los aderezaré con las
lágrimas más rancias de mi mente. Comeré el más delicioso bocado; ambrosía de
dioses, perdición de mortales.
Hoy me sentiré depresivo, pero cantaré de alegría, por la
fetidez de tu voz que inunda con su viscosidad mi ego, y lo rebaja hasta
ahogarse con sus heces.
Hoy haré muchas cosas. Presuntamente te mate, y mi luto hará
juego con tus ojos, y recuerde que te amé una vez. Pero las veces son finitas y
el tiempo no admite segundos asquerosos chances.
(2011)

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