Y allí estaba. Metido entre sus ojos. Sobre su rostro. Sus preguntas aguzaban mi piel. Su torso cabía en mi puño. Diminuta e indefensa bajo la sombra oscura de mí pelo.
El aroma traspasó mis manos, invadiéndolo todo. Desabroché su cuerpo como se desnuda la conciencia bajo la lisergia más pura.
Capturé todo. Lo tragué en bocados pequeños. Como es. Como debe ser.
Me sentí desnudo estando vestido. Tierna y sublime. Que el tiempo no me arrebate su cuerpo. Se fue con el agua y el jabón.
Directo al rostro. Entre la delgada comisura de su cuerpo. Junto al mío. Abrazo despiadado que surca la cortina del baño abierto.
Pasos ya recorridos. Conjunto de sonidos inexplicables que adornan el bodegón de un cuarto sin ventanas.
La consumí entre mis ojos. Se quedo en mis manos. Para siempre.
(2015)


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