Sonidos de un colchón rechinante



Una luz rojiza bañaba mis manos.
Tenía puestas solo mis medias. Hacía años que llevaba puesto sólo eso.
Rodeé su contorno amplio de pliegues curtidos entre noches de sudor y aparente oscuridad.
Ahora estoy sentado aquí de nuevo.
Un abrazo se me perdió entre otros 15 o 20 más.
Calles de noche.
Leo los letreros e imagino ser un huérfano.
Odio escoger; quién soy yo para hacerlo. Un simple cuerpo con un par de billetes.
El colmillo desencajado de su sonrisa torcida me recordó al mundo.
El sudor juvenil.
No sabía que estaba allí y no lo sabría hasta después de tres meses.
Dos trozos de piel que se deslizan en un jadeo incesante. Demasiado humano.
Me viste muy despeinado la primera vez.
Sudas por los dos, ríes por los tres.
El lugar más lúgubre de mi mundo.
Lo tomaste entre tus manos y me viste directamente a los ojos.
Estoy sentado aquí de nuevo.
Bailaste aquella noche.
El espejo me convenció de volver.
Entre el aroma del coito y el ruido de mis zapatos se me estaba escapando el tiempo.
Dejaste tus ojos entre el barandal de la escalera y la puerta de bolitas.

Una luz rojiza bañaba mis manos. 

2015

lunes, 23 de febrero de 2015

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